Gabriela Mistral
1889–1957 · Nobel 1945La primera persona de América Latina en recibir el Nobel de Literatura. Su territorio es el Valle de Elqui.
Una ruta literaria por Chile — Mistral, Neruda, Allende, Bolaño. Primer capítulo de un círculo hispanoamericano de homenaje a la lengua.
Hay un motivo para viajar a Chile que ningún folleto suele nombrar: la lengua.
El viajero español llega y lo entiende todo —los chistes, los periódicos, la conversación de cualquiera—. No es un país extranjero del todo: es la casa del otro, levantada con las mismas palabras que la propia.
Esa casa común tiene en Chile una forma concreta. Dos premios Nobel y dos narradores universales escribieron aquí en la lengua de todos. Sus vidas, sus casas y sus paisajes pueden recorrerse: eso es esta ruta.
La primera persona de América Latina en recibir el Nobel de Literatura. Su territorio es el Valle de Elqui.
El poeta de las tres casas, hoy casas-museo: Santiago, Valparaíso y la orilla de Isla Negra.
La narradora en español más leída de nuestro tiempo. Su Santiago es el de La casa de los espíritus.
Nació en Santiago, murió en Barcelona: el autor de ida y vuelta que el viajero español ya conoce de casa.
Vicuña y Montegrande: el origen de Mistral. Cielo, valle, pisco, poesía.
La Chascona de Neruda, el Santiago de Allende y de Bolaño, las librerías de Bellavista y Lastarria.
La Sebastiana: la ciudad-anfiteatro que Neruda eligió para mirar el mar.
La casa frente al océano y la tumba del poeta. Cierre natural del arco central.
Temuco: donde Mistral, su directora, puso libros en las manos del joven Neftalí Reyes.
Vicuña, donde nació y donde está su museo. Montegrande, donde aprendió a leer y donde quiso ser enterrada. Un valle de montañas desnudas, cielos entre los más limpios del planeta y la tierra del pisco.
«Amarás la belleza, que es la sombra de Dios sobre el Universo.»
— Gabriela Mistral, Decálogo del artista. En la escuela rural de Montegrande aprendió a leer la niña Lucila Godoy; hoy es su casa-museo, y a su lado quiso descansar.
El Elqui es capital mundial del astroturismo. El primer Santuario Internacional de Cielo Oscuro del planeta está aquí — y lleva el nombre de Gabriela Mistral.
A los pies del cerro San Cristóbal vivió Neruda, en La Chascona. Aquí transcurre el Santiago de Isabel Allende —el de La casa de los espíritus— y aquí nació Roberto Bolaño. Bellavista y Lastarria, sus librerías, son el corazón literario de la ciudad.
Tres voces, una ciudad.
La casa azul de Neruda trepa por la ladera del cerro. A unas calles, los lectores de Isabel Allende reconocen la gran casa familiar de su novela. Y en algún barrio de esta misma ciudad creció Bolaño antes de cruzar a la otra orilla.
La Sebastiana, colgada sobre la bahía, es la casa que Neruda eligió para mirar el mar. Valparaíso entero —cerros, ascensores, fachadas de colores— es Patrimonio de la Humanidad.
La casa para mirar el mar.
Neruda quiso una casa que pareciera un barco varado en lo alto del puerto. Desde sus ventanas, la bahía entera; abajo, la ciudad de los cien cerros, los ascensores centenarios y las fachadas que ningún otro puerto tiene.
La casa de piedra y madera donde Neruda guardó sus mascarones de proa y sus caracolas. Aquí está enterrado, junto a Matilde, mirando el Pacífico. Cierre natural del arco central.
Frente al mar, una Oda.
Aquí escribió Neruda el Caldillo de congrio, la oda que convierte una sopa de pescador en poema. Comerlo en Isla Negra, con el texto delante y el océano detrás, es una de las experiencias de esta ruta.
Temuco, donde Neruda creció entre los bosques y la lluvia que él llamó la Frontera. Camino del sur, el Maule: Parral, cuna de Neruda, y San Carlos, cuna de Violeta Parra — dos cunas vecinas entre viñas viejas.
Gabriela Mistral, directora del liceo de Temuco, puso libros en las manos del adolescente Neftalí Reyes — el muchacho que sería Neruda.
El único lugar del mundo donde dos premios Nobel de literatura se encontraron como maestra y alumno.
La letra es el hilo, no el único contenido.
Sobre el mismo itinerario se superponen capas que el viajero enciende según su perfil. Nadie las recorre todas; cada viaje compone el suyo.

Del pisco del Elqui al Maule de las viñas viejas. La carmenere, cepa que Europa creyó perdida y sobrevivió en Chile — la misma historia que la lengua.

El caldillo de congrio en Isla Negra, el Mercado Central de Santiago, las caletas de Valparaíso, los dulces del Elqui.

Valparaíso entero es Patrimonio de la Humanidad; Santiago suma La Moneda y el Museo de la Memoria; en el sur, la cultura mapuche.

Los Andes en todo el arco; el valle de Elqui entre montañas desnudas; la costa del Pacífico; al sur, los volcanes y los bosques de araucarias.

El Elqui, capital del astroturismo. Observatorios abiertos al viajero: mirar las estrellas que miró la poeta.

Violeta Parra y Víctor Jara: la nueva canción chilena como rama de la misma literatura. «Gracias a la vida» es, también, un texto.
Al norte, el desierto más árido del planeta — para quien alargue el viaje.
Al sur, los Cuernos del Paine. Los dos extremos que solo Chile ofrece juntos.
Chile no es el destino final de esta idea; es su primer capítulo. Cada año, un país hispanoamericano sería anfitrión de los demás con una ruta por los grandes nombres de su literatura. Un vínculo que ya existe y no hay que construir.